El ejercicio electoral realizado el pasado domingo 26 de octubre de 2025, correspondiente a la consulta del Pacto Histórico (PH), constituyó la puesta en marcha de uno de los mecanismos de participación democrática y política previstos para los partidos y movimientos con personería jurídica, así como para los grupos significativos de ciudadanos.
A través de estos mecanismos, se convoca al electorado para adoptar decisiones internas orientadas a la selección de candidatos -ya sea provenientes de las propias bases o mediante coaliciones- que participarán en procesos electorales para cargos uninominales o corporaciones de elección popular. En concreto, la consulta del pasado domingo tuvo como propósito elegir el candidato único del Pacto Histórico a la Presidencia de la República, así como definir las posiciones en la lista al Senado y en las listas departamentales y de Bogotá para la Cámara de Representantes.
Este tipo de consultas se encuentra regulado por los artículos 5, 6 y 7 de la Ley 1475 de 2011, y puede ser de carácter interno o popular. Las primeras se realizan exclusivamente entre los ciudadanos afiliados a la respectiva colectividad política, mientras que las segundas permiten la participación de todos los ciudadanos inscritos en el censo electoral. Además, los resultados de dichas consultas son de obligatorio cumplimiento para el partido o movimiento que las convoque.
A cuatro días del cierre de las urnas en la consulta interna del Pacto Histórico (PH), los avances del conteo de la Registraduría Nacional (boletín 69) registran un total de 2.753.738 votantes. Esta cifra representa un nivel de participación elevado para una consulta partidaria realizada por fuera del calendario electoral ordinario, y supera ampliamente los precedentes históricos. Más aún, considerando que el total de personas habilitadas para votar era de 39.984.168, la participación alcanzó el 6,9% del censo electoral.
En términos comparativos, según datos de la MOE y la Registraduría, en 2009 participaron dos colectividades en consultas para elegir candidato presidencial: el Partido Liberal, que obtuvo 1.356.821 votos, y el Polo Democrático, que alcanzó 483.493 votos. Para ese año, el censo electoral ascendía a 29.093.851 personas, por lo que los liberales alcanzaron el 4,6% del electorado potencial y el Polo el 1,6%. Posteriormente, en 2017, la Consulta Liberal registró 744.521 sufragios, de un total de 35.091.924 ciudadanos habilitados, lo que equivale a una participación del 2,1%.
Gráfica 1. Resultados de consultas internas fuera del calendario electoral: sufragios y porcentaje del censo electoral

De este modo, la consulta del Pacto Histórico supera ampliamente los antecedentes históricos, reflejando una capacidad de movilización inusual en un contexto electoral “frío”, marcado por la escasa cobertura mediática y la falta de estímulos institucionales que normalmente acompañan los comicios nacionales.
En la contienda, Iván Cepeda obtuvo el 65% de los votos (aproximadamente 1,54 millones), seguido por Carolina Corcho con el 28% (alrededor de 678.000), y Daniel Quintero, quien se había retirado de la campaña, con cerca del 6% (unos 145.000 votos). Con ello, Cepeda es ungido como candidato presidencial del Pacto Histórico, posicionando al movimiento como una de las principales fuerzas políticas de cara a las elecciones de 2026.
El resultado refleja una ratificación del proyecto político asociado al gobierno de Gustavo Petro, en su tercer año de mandato. Esta afirmación ocurre en un entorno altamente polarizado, con todas las fuerzas del país en medio de campañas políticas con miras a las elecciones del 2026, en el que sectores opositores, tanto políticos como empresariales, cuestionan el rumbo económico y la seguridad, y con un contexto internacional difícil para el presidente y su círculo más cercano.
Desde un punto de vista ideológico, Iván Cepeda encarna la continuidad del enfoque progresista y de paz, asociado a la defensa de los derechos humanos, la justicia transicional y la redistribución social. Sin embargo, es un líder de la izquierda tradicional que tiene como mayor reto atraer sectores independientes y disidentes de otras colectividades, con el fin de avanzar hacia una hegemonía progresista.
Una Lectura democrática, del kratos al demos:
Sin embargo, el análisis de lo ocurrido el domingo debe realizarse no sólo en términos numéricos y en comparación con consultas anteriores de los distintos partidos políticos, sino también a partir de elementos sustantivos desde una perspectiva democrática.
Desde la perspectiva del kratos (el poder), la consulta evidencia una reconfiguración en las formas de acceso al poder político, al combinar actores emergentes -líderes de opinión digitales, figuras mediáticas y movimientos sociales- con cuadros tradicionales del aparato territorial. Podría sugerirse, entonces, el surgimiento de una nueva élite progresista, cuya consolidación dependerá de la capacidad para convertir la visibilidad y el apoyo coyuntural obtenidos en esta consulta en sufragios y representación parlamentaria el próximo año.
En cualquier caso, se trata de un logro importante para el Pacto Histórico, una coalición de partidos y movimientos que, aunque obtuvo personería jurídica el pasado 17 de septiembre, lo que la convierte en un partido único, aún enfrenta tensiones internas, pues dicha resolución dejó por fuera a la Colombia Humana del presidente Gustavo Petro y a Progresistas, el movimiento de la senadora María José Pizarro.
Desde la perspectiva del demos (el pueblo), la alta concurrencia -casi 2,8 millones de votos- refleja una movilización cívica significativa que amplía el espacio de participación interna del Pacto Histórico. Además, representa un avance en la inclusión ciudadana, al movilizar al 6,8% del censo electoral en un país sin una tradición de voto fuera de las fechas ordinarias y tratándose, además, de una consulta promovida por una sola coalición política.
En suma, la consulta no constituye únicamente un mecanismo de fortalecimiento de la democracia interna de los partidos, en tanto fomenta procesos participativos y renovación de liderazgos, aumentando así su legitimidad, sino que también implica una ampliación del espacio público democrático. En un sentido más amplio, puede interpretarse como una expresión de vitalidad democrática, al promover la participación ciudadana en decisiones políticas de alto impacto. No obstante, la experiencia plantea el reto de consolidar estos mecanismos de participación para que no se reduzcan a estrategias coyunturales de movilización electoral.
Proyección hacia 2026:
De cara a las elecciones de 2026, el Pacto Histórico tendría que impulsar una estrategia de alianzas amplias -un “Frente Humano”, como lo denominó el presidente Petro-, que integre sectores verdes, liberales disidentes y movimientos ciudadanos, con el fin de mantener su centralidad política. El éxito de esta estrategia dependerá de dos factores:
- La cohesión interna del movimiento, especialmente entre sus alas más radicales que no ven con buenos ojos algunos liderazgos de este posible “Frente Humano”.
- La capacidad de la oposición para reorganizar su discurso y ofrecer una alternativa viable.
Por su parte, los sectores de oposición, especialmente aquellos ubicados en la derecha y el centro-derecha, se encuentran en un proceso de reconfiguración y búsqueda de cohesión interna, con desafíos para articular una narrativa programática coherente frente al bloque progresista. Más allá de la confrontación política, su reto principal consiste en formular una agenda sustantiva que conecte con las preocupaciones ciudadanas -como la desigualdad, el desempleo o la falta de vivienda digna- y que logre equilibrar la crítica al gobierno con propuestas de política pública concretas.
En este sentido, el bloque opositor podría fortalecer su proyección política mediante una coalición que combine sus banderas históricas -seguridad, estabilidad económica y austeridad- con una mayor apropiación de las agendas sociales, reconociendo los avances logrados durante el actual gobierno y proponiendo nuevos rumbos desde su propia orientación ideológica.
El contexto social y económico sigue planteando grandes desafíos. Según Oxfam, el 50% más pobre del país concentraba solo el 4% de la riqueza, mientras el 1% más rico acumulaba el 33%, lo que resalta la necesidad de una agenda de equidad estructural que trascienda la coyuntura y oriente el debate hacia soluciones sostenibles.
Asimismo, los resultados electorales de 2022 evidenciaron una preferencia ciudadana por opciones de cambio, lo que sugiere un ajuste en las expectativas del electorado. En este contexto, la oposición enfrenta un reto ideológico y de liderazgo, más profundo que el puramente electoral: redefinir su papel en un escenario político en transformación, ofreciendo alternativas viables que respondan a las demandas sociales sin abandonar sus principios fundamentales.
En conjunto, la consulta del Pacto Histórico y las dinámicas actuales de la oposición reflejan un momento de transición en la política colombiana, caracterizado por la búsqueda de nuevas formas de representación y liderazgo. El sistema político enfrenta el desafío de canalizar esta diversidad de expresiones -progresistas, liberales, conservadoras y ciudadanas- en un debate plural, programático y orientado al bien común. La vitalidad democrática que evidencian estos procesos dependerá de la capacidad de los distintos actores para transformar la competencia electoral en un espacio de deliberación pública, donde el disenso se traduzca en propuestas y no en polarización. De cara al 2026, el reto compartido es fortalecer la calidad de la democracia mediante partidos más abiertos, ciudadanos más activos y un diálogo político capaz de trascender la coyuntura.