El Cesar en cifras: avances sociales en un contexto de fragilidad estructural

Por años, el departamento del Cesar ha sido presentado como un territorio rico en recursos, pero pobre en resultados sociales. Los datos recientes muestran que esta afirmación ya no es del todo exacta, aunque sigue siendo profundamente incompleta. El Cesar mejora en varios indicadores sociales clave, pero lo hace sobre una estructura económica frágil, concentrada y poco generadora de empleo de calidad.

En 2024, cerca de 81.000 personas salieron de la pobreza monetaria en el departamento. La incidencia pasó de niveles cercanos al 71 % a alrededor del 63 % de la población, una reducción significativa en apenas un año. Este avance se acompaña de una caída sustancial del coeficiente de Gini, pasando del 0,521 en el año 2023 a 0,483 en el año 2024, es decir, registró una variación significativa de

– 0,03, una de las más altas del país, lo cual evidencia una mejora en la distribución del ingreso. Además, la inseguridad alimentaria grave se redujo con fuerza, pasando del 9,0 % al 5,4 % de los hogares, señal de que el hambre extrema retrocedió.

Sin embargo, estas mejoras conviven con realidades estructurales preocupantes. Más del 30 % de los hogares aún enfrenta inseguridad alimentaria moderada o grave, y el mercado laboral sigue mostrando señales de debilidad. La tasa de desocupación del Cesar fue del 11,3 % en 2024, una cifra alta frente a varios departamentos, y su reducción reciente no se explica por una expansión robusta del empleo, sino por una caída en la tasa de participación laboral. En otras palabras, hay menos desempleo, pero también menos personas activamente vinculadas al mercado de trabajo.

El contraste se vuelve más evidente al mirar el Índice Departamental de Competitividad (IDC 2025). El Cesar ocupa el puesto 21 de 33, con un puntaje de 4,78 sobre 10, muy lejos de los departamentos líderes. Esto revela que, aunque el ingreso de los hogares más pobres mejora, el territorio no está transformando sus capacidades productivas, ni avanzando de manera sostenida en innovación, diversificación económica o sofisticación empresarial.

Paradójicamente, el departamento exhibe una de sus mayores fortalezas en el frente fiscal. En 2024, el Cesar fue líder nacional en desempeño fiscal, con una calificación muy superior al promedio del país. La administración departamental ha logrado buenos resultados en programación presupuestal, control del gasto, ahorro corriente y ejecución de inversión. Pero aquí emerge la pregunta de fondo: ¿por qué una buena salud fiscal no se traduce automáticamente en desarrollo económico sostenible?

La respuesta está en la estructura productiva. Según las cuentas departamentales, en el año 2024, la explotación de minas y canteras, principalmente carbón,  representó cerca del 31 % del PIB del Cesar, frente a apenas un 5 % en el promedio nacional. Esta alta concentración explica buena parte de las contradicciones actuales del departamento. El carbón genera ingresos fiscales, regalías y actividad económica agregada, pero crea poco empleo directo, tiene escasos encadenamientos productivos locales y es altamente vulnerable a los ciclos internacionales y a la transición energética.

Así, el Cesar vive una especie de equilibrio inestable: mejora en pobreza, desigualdad y hambre gracias a mayores ingresos mínimos, transferencias y disciplina fiscal, pero sigue atrapado en una economía poco diversificada, con baja productividad y limitada generación de empleo formal. El resultado es un territorio que avanza socialmente, pero sin una base sólida que garantice la sostenibilidad de esos avances en el mediano plazo.

Las oportunidades de mejora están claras. El reto central no es fiscal, sino productivo y laboral. El Cesar necesita convertir su fortaleza fiscal en una estrategia deliberada de diversificación económica, apostándole a la agroindustria, a los servicios logísticos, a la transición energética, al turismo cultural y ambiental, y a la formación técnica y tecnológica del talento local. Sin una economía que genere empleo de calidad, los avances sociales seguirán dependiendo de factores coyunturales.

El departamento no es un caso de fracaso, pero tampoco de éxito estructural. Es, más bien, un territorio en transición. La pregunta no es si el Cesar puede mejorar , los datos muestran que ya lo está haciendo, sino si será capaz de romper su dependencia del carbón y transformar esa mejora social en un verdadero proyecto de desarrollo económico sostenible.

Autor:

Ricardo Quintero Araujo