La democracia es un sistema político que no ofrece estándares mundiales, o un modelo igual para cada país. Es, ante todo, un proceso en construcción con características propias de cada lugar donde se haya adoptado como sistema de ejercicio y control del poder político.
El debate sobre la democracia en relación a qué es, cómo funciona, su alcance, que esperar de ella y su futuro, está presente hoy mas que nunca. Se discute aún el alcance de su definición, el cual se ha convertido en un cliché para todo aquel gobernante que quiera mostrar la suficiente legitimidad de sus acciones políticas.
Esta tensión sobre su concepto, alcance y desafíos a lo largo de la historia, es el objetivo del presente ensayo a través de la perspectiva de dos consagrados teóricos de la democracia, como lo son Roberth Dahl y Adam Przeworski. Esto nos permite efectuar un análisis de nuestra democracia desde su marco constitucional y lo que allí se establece, en relación a los principios de igualdad, libertad, autogobierno y demás garantías para lograr una democracia plena y vigorosa.
Nuestro país particularmente tiene una Constitución que consagra una amplia carta de derechos. Desde el preámbulo, se establecen una serie de principios orientadores, así como los fines que hacen parte del sistema normativo allí desarrollados, y que por lo tanto tienen efectos vinculantes. En ese sentido, los principios de autogobierno, justicia, igualdad y libertad, serán materializados de acuerdo a la fórmula política y jurídica consagrada en el cuerpo de la Constitución, y todos los ejercicios de poder estarán subordinados a dichos principios. En particular, la fórmula clásica del autogobierno se establece en el artículo 3constitucional, señalando que el depositario de la soberanía es única y exclusivamente el pueblo, quien ejerce el control público, bien directamente o a través de sus representantes.
Los principios de libertad e igualdad están consagrados en el artículo 13, y allí se establece que la ley será el instrumento a través del cual todos los ciudadanos podrán conseguir la protección eficaz para no ser discriminados por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica. El artículo 40, por su parte, eleva al rango de fundamental los derechos políticos para el ejercicio y control del poder político, al establecer el derecho de elegir y ser elegido (modelo de representación), así como ejercer directamente a través de mecanismos de participación el poder político, constituir partidos políticos y desempeñar cargos públicos. De igual manera, se consagran una serie de derechos sociales, económicos y culturales tales como, la protección integral de los niños, adolescentes y personas de la tercera edad (art. 44, 45 y 46), la seguridad social como un servicio público de carácter obligatorio (art. 48), la salud como un servicio público a cargo del Estado (art. 49), así como una vivienda digna para cada colombiano que lo requiera (art. 51).
Este catálogo de derechos que nos permite alcanzar la igualdad y la libertad, así como efectivizar el principio de autogobierno, hacen parte de un sistema político de carácter democrático.
Pero cómo entender, entonces, que pese a que nuestra Constitución consagra un esquema de protección de derechos fundamentatales, políticos y sociales, propios de una democracia plena, que deberían conducir a un sostenido bienestar social, nuestro país se haya mantenido por décadas con las mas altas tasas dedesigualdad en ingreso, riqueza, propiedad y tenencia de la tierra, cuyas causas obedecen a una profunda exclusión social, inmovilidad social ascendente intergeneracional, fragmentación social y una democracia premoderna excluyente (Garay y Espitia, 2019).
Colombia no es ajena a la crisis global que atraviesan las democracias con modelos preponderantemente de representación política, muy por el contrario, nuestro país no se encuentra muy bien renqueado. De acuerdo a la medición del índice de democracia global, efectuada por la Unidad de Inteligencia de la revista británica The Economist, la cual tiene por objeto determinar la salud democrática del planeta entre 167 países, nuestro país se encuentra en la categoría de democracia deficiente en los años 2022 (EUI, 2022) y 2023 (EUI, 2023).
Así mismo, si observamos uno de los estudios con más resonancia como lo es el Pulso de la Democracia del Barómetro de las Américas, el panorama no es muy diferente. Este estudio, realizado por la Vanderbilt University y su centro de excelencia en la investigación internacional con encuestas de LAPOP Lab, arroja preocupantes cifras frente al grado de satisfacción con el funcionamiento de nuestra democracia, toda vez, que el año 2021 solo el 26% de las personas estaba satisfecha con la democracia, y la confianza en las elecciones era del 22% (Barómetro, 2021), mientras que en el 2023 la satisfacción con la democracia subió al 30%, pero la confianza en las elecciones disminuyó un punto porcentual (21%) (Barómetro, 2023).
Las respuestas a estas paradojas, originadas en el hecho de que en democracia se encuentren grandes brechas de desigualdad, pobreza y exclusión política, se podrían entender a partir del análisis de la teoría democrática desarrollada en los textos denominados La Democracia y sus Críticos de Roberth Dahl (1992) y Que Esperar de la Democracia de Adam Przeworski (2010), los cuales ofrecen una mirada mas pragmática y aterrizada de lo que es, lo que ha sido, y lo que será el futuro de la democracia. Para ello, es necesario entender cuáles han sido esas expectativas generadas desde el punto de vista conceptual, y las verdaderas posibilidades que ofrece la democracia ante los grandes desafíos que enfrentan los Estados modernos.
Dahl estudia la evolución de la democracia a partir de dos transformaciones que se han dado históricamente. La primera es el resultado del sistema democrático antiguo surgido en Grecia cinco siglos antes de nuestra era. La segunda transformación se da con la aparición del Estado moderno, y el advenimiento de sistemas políticos caracterizados por la tradición republicana, el surgimiento del gobierno representativo y la lógica de la igualdad política. Una tercera transformación, dice Dahl, dependerá de qué manera las sociedades del futuro sean más igualitarias y soberanas colectivamente, con instituciones sólidas paraautogobernarse.
Entre los aspectos a resaltar en el segundo proceso transformador, encontramos el surgimiento del autogobierno a través del modelo de representación y un sistema político pluralista en el que los conflictos políticos se consideraban normales y necesarios. Esto conllevó una fragmentación de los intereses públicos y privados, desafiando la noción de que los ciudadanos podrían procurar el bien público por encima de sus intereses individuales.
Los críticos de la democracia consideran que la idea de que el pueblo comprenderá y defenderá sus propios intereses es ridícula, y más ridículo aún es pensar que comprenderá y defenderá los intereses de la sociedad global. Surgen por lo tanto una serie de adversarios que critican la democracia. Por ejemplo, los anarquistas plantean la abolición del Estado, fundamentada en la autonomía individual y en la aversión hacia la coacción, sugiriendo la dirección de la sociedad en cabeza de asociaciones basadas en el consenso voluntario en lugar de la imposición estatal. De igual manera, se proponen fórmulas como la de “tutores”, “custodios” o “guardianes” de la sociedad, quienes estarán al frente del gobierno como una solución pragmática para garantizar la eficacia y la estabilidad, al tiempo que se asegura que las decisiones se tomen con el mayor conocimiento posible.
Los defensores de la democracia desestiman todas las alternativas propuestas para su reemplazo. Aseguran que la mejor opción es el proceso democrático de gobierno, donde se busca la participación igualitaria del conjunto de ciudadanos. Además, la democracia vincula tres principios: la libertad a través de los derechos y libertades políticas, la autodeterminación al permitir que las leyes sean elegidas por la mayoría, y la autonomía moral al permitir que los ciudadanos participen en la toma de decisiones y en la elección de leyes.
Asimismo, en democracia se plantea la idea de que la protección de los derechos e intereses de las personas frente al gobierno y sus influencias, requiere una participación plena en la determinación de las acciones del gobierno, lo que se relaciona con el concepto de gobierno democrático.
El gran problema que tienen las democracias modernas, es sin dudas lo relacionado con el principio de igualdad categórica y la presunción de autonomía personal como fundamentos de la democracia, o sea, si todos los ciudadanos tienen la misma capacidad e idoneidad de participar en la toma de decisiones colectivas. Es decir, si se verifica la presunción de autonomía personal, que sostiene que cada individuo es el mejor juez de sus propios bienes e intereses.
En ese sentido, la democracia efectiva es aquella a través de la cual se da una interrelación entre la autonomía personal, la igualdad intrínseca y la autodeterminación, lo cual garantizará que cada individuo adulto tenga la capacidad de participar plenamente en las decisiones colectivas que afectan sus vidas. Esta participación no solo es un ejercicio de derechos democráticos, sino también un medio para proteger los intereses fundamentales de todos los miembros de la sociedad.
Al respecto, otro asunto un tanto problemático en la teoría democrática, es sin dudas lo relacionado con la norma de la mayoría, es decir, como lograr equilibrar la toma de decisiones mayoritarias con la protección de los derechos y opiniones de las minorías; este es un aspecto crucial que debe ser abordado.
La evolución política y la centralidad del conflicto político, configura la aparición de lo que Dahl denomina la poliarquía. El cual es un sistema político caracterizado por una amplia gama de derechos individuales y libertades. Allí se destaca cómo la multiplicidad de intereses y opiniones ha llevado a una visión más compleja de la política, donde el conflicto se acepta como parte inevitable de la vida política. La poliarquía surge como una respuesta a esta realidad, proporcionando un marco institucional que permite la participación ciudadana y la competencia política en un entorno diverso y pluralista.
Dahl reflexiona sobre los desafíos y limitaciones de la poliarquía, señalando que,si bien ofrece una zona de libertad y control fundamentales para la democracia, no garantiza una participación ciudadana perfecta ni un control absoluto sobre el gobierno. Es decir, la poliarquía es un estado democrático imperfecto, pero en camino de ser democracia. Y para lograrlo, necesita indefectiblemente cumplir con cinco presupuestos: participación efectiva, igualdad de voto en la fase decisoria, comprensión informada, control de la agenda e inclusividad.
Por su parte, Przeworski nos ofrece una mirada mucho mas descarnada de lo que está sucediendo hoy con las democracias. Considera particularmente, que es un error creer que los ideales del autogobierno, igualdad y libertad que dieron origen a la democracia, y que tanto retoma Dahl, persisten en las practicas democráticas actuales.
De hecho, esa es la razón por la que las democracias actuales se consideren incapaces de superar los desafíos de las sociedades modernas. El autor considera que las democracias tienen una vieja deuda con ofrecer igualdad en el terreno socioeconómico, hacer sentir a la gente que su participación política es efectiva, asegurar que los gobiernos hagan lo que se supone que deben hacer y no hagan lo que no se les ha mandado a hacer, y en equilibrar orden con no interferencia en la vida privada.
Ante esto, se generan inquietudes serias en cuanto a los límites que deben tenerse en cuenta en la democracia, qué debe esperarse de este sistema, por quédeberíamos seguir eligiéndolo, y qué se debe reformar.
La real critica de Przeworski a este sistema político es que, si bien surge de las ideas libertarias del siglo XIX y XX, siguen conservando los elementos que le dieron origen a los conflictos de los dos siglos previos a su surgimiento: desigualdad, injusticia, aplicación particularista de las leyes, y por que no, una considerable dosis de violencia arbitraria.
En la teoría democrática de Przeworski, vale la pena resaltar la forma en que desmitifica la democracia. Por ejemplo, uno de los ejes de estudio es el análisis de si efectivamente en una democracia el pueblo es quien tiene el poder. Plantea que realmente el poder electoral que tiene el pueblo no significa nada, es meramente parte de la formalidad de la democracia. En este sentido, Przeworski igual que Bobbio, consideran que las elecciones no ofrecen opciones reales, pues consideran que, para juzgar el desarrollo y madurez de la democracia, la pregunta que hay que hacer, no es quien vota, sino por que asuntos se puede votar.
El autor considera problemático traer a tiempo presente la aplicación del concepto y alcance de la democracia del siglo XVIII, y pretender aplicarlas a las instituciones actuales. Lo cual hace que generemos expectativas irrealizablespropias de una utopía. Es por ello, que la teoría de este autor, nos invita a revisar cuáles son esas incapacidades que indentificamos en la democracia y advertir cuáles son contingentes y cuáles estructurales, pero además establecer cuálesson realizables. Przeworski nos invita a preguntarnos: ¿qué tanta igualdad económica y social puede generar la democracia? ¿qué tan eficaces pueden ser los mecanismos de participación? ¿qué tantos mecanismos le pueden dar a los gobiernos para que actúen defendiendo los intereses colectivos y no de unos pocos, es decir, cuales objetivos son realistas o fútiles?
Conclusiones:
A través de la teoría democrática de los dos autores estudiados, podemos considerar las razones que nos llevan a plantear nuestra democracia como un sistema político de grandes expectativas y pocas realizaciones. Colombia particularmente es un país con grandes problemas sociales, económicos y políticos, sin que hayamos encontrado la manera de resolverlos en democracia. Por supuesto, debemos reconocer que, pese a ello, no existe un mejor sistema que pueda reemplazar lo que constitucionalmente hemos pactado desde el año 1991.
Es claro entonces que, al no existir fórmulas estándares para construir una mejor democracia, si debemos continuar trabajando para realizar los presupuestos de participación efectiva, igualdad de voto en la fase decisoria, comprensión informada, control de la agenda, e inclusividad, que nos permitirán hacer el tránsito de una poliarquía a una democracia plena, en los términos planteados por Dahl.
Referencias Bibliograficas:
Barómetro de las Américas (2021). El Pulso de la Democracia 2021. https://www.vanderbilt.edu/lapop/ab2021/2021_LAPOP_AmericasBarometer_2021_Pulse_of_Democracy_SPA.pdf
Barómetro de las Américas (2023). El Pulso de la Democracia 2023.
https://www.vanderbilt.edu/lapop/ab2023/AB2023-Pulso-de-la-democracia-final-20240219.pdf
Dahl, R. (1992). La Democracia y sus Críticos. Editorial Paidós.
Economist Intelligence Unit [EUI] (2022). Democracy Index 2022. Frontline democracy and the battle for Ukraine. https://www.eiu.com/n/wp-content/uploads/2023/02/Democracy-Index-2022_FV2.pdf?li_fat_id=f1fbad7e-a282-4b9e-9f8f-6a6d5a9fe6b8
Economist Intelligence Unit [EUI] (2023). Democracy Index 2023. Age of Conflict. https://www.eiu.com/n/campaigns/democracy-index-2023/
Garay, L. y Espitia, J., (2019). Dinámicas de las desigualdades en Colombia. Ediciones desde abajo.
Przeworski, A. (2010). Que Esperar de la Democracia. Siglo XXI Editores.